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Institute for Humane Studies (IHS)


 

Las enseñanzas que los “tigres” asiáticos
han legado al mundo de hoy

por Eneas A. Biglione

Muchas y variadas han sido las explicaciones proporcionadas por los economistas de las distintas escuelas de pensamiento referidas a los peculiares fenómenos reflejados en la economía mundial durante el último período de 1998. Curiosamente todas se han caracterizado por una fundamentación insuficiente y poco clara. Los innumerables esfuerzos por atribuir al mercado la responsabilidad de los males sistémicos han, en vano, desembocado en la publicación de gran cantidad de papers de sensible complejidad aritmética, intrincadas estadísticas y un elevado número de intentos por demostrar lo inexorablemente indemostrable.

Mientras tanto en los principales think tanks económicos del mundo se apuntó a develar la pluralidad de males que venían caracterizando a los desafortunados habitantes de oriente.

El gran problema regional

Luego de treinta años de auge económico sin igual, el excesivo endeudamiento oriental (necesario para sostener su tipo de cambio sobrevaluado) sumado a un sistema bancario terriblemente regulado, hicieron que la economía de los países asiáticos pasara de la noche a la mañana, de ser la gran promesa económica a depender desesperadamente de organismos internacionales en su rol de prestamistas de última instancia.

Así fue como el mundo se concientizó del fraude amarillo, que en una mezcla de corrupción política y desmedida intervención estatal, había logrado (asignando arbitrariamente el capital a empresas cuidadosamente seleccionadas) aislar la industria de las fuerzas del mercado.

Lejos de corregir el grave error, evidenciado a mediados de 1997 con la repentina devaluación del bath en Tailandia y la caída de los países orientales más débiles; a principios de 1998 las autoridades de los países más fuertes le restaron importancia al problema.

En resumidas cuentas, la tasa de crecimiento cayó, el desempleo creció en forma desmesurada y las altísimas tasas de interés desintegraron la inversión y el consumo. Las innumerables quiebras del sector privado y el malestar político se sumaron, logrando la caída de los gobiernos de Indonesia, Corea del Sur y Tailandia. Incluso la aparentemente fuerte economía de Hong Kong se contrajo en dos puntos porcentuales ya en el primer trimestre del año. Nada muy distinto ocurrió en Singapur. A la par de todo esto, la notable recesión económica de Japón (líder económico de la región) no facilitó la salida de la crisis.

La actitud de los inversores: un problema de incentivos

En este impresionante entorno de globalización financiera en el que llega a transarse en un mismo día un monto de dinero superior al presupuesto estadounidense de un año, resulta adecuado preguntarse cuál es la responsabilidad de los inversores (o especuladores, como se los suele llamar despectivamente durante las crisis).

En principio, decimos que por política de gobierno, a los inversores se los autorizó únicamente a realizar inversiones a corto plazo, con lo que se les abrió la posibilidad de entrar y salir del mercado financiero oriental sin hacer ningún tipo de consideración a largo plazo.

Sumado a toda la responsabilidad gubernamental, aparece el fantasma del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial quienes al haber funcionado durante la crisis mexicana como un verdadero equipo de rescate de inversores, proporcionó un fuerte incentivo para invertir en Asia a pesar del altísimo riesgo cambiario. Sin dudas, quien se involucra en cuestiones financieras en un país que no ofrece un orden jurídico y financiero confiable, debe hacerlo bajo su propio riesgo.

Año nuevo, ¿nuevas reformas? o ¿nuevas regulaciones?

Para evitar la sucesiva caída de la economía de distintos países, debemos optar por:

  • Hacer las cosas mal: olvidando las reformas de fondo y aplicando soluciones como la de los “economistas” Paul Krugman y Joseph Stiglitz que han propuesto imponer controles al flujo de capitales. Es decir permitiendo la entrada de capitales a un país, pero regulando el retiro de los fondos. Estos controles quizás eviten las fuertes turbulencias económicas, pero principalmente evitan el acceso de capitales a los países que más los necesitan para continuar creciendo.

  • Hacer las cosas bien: Me resulta imposible olvidar que desde siempre, los asiáticos han sido admirados por sus grandes mercados, su amor al trabajo, su excelente infraestructura y cómo no: su enorme potencial de talento. Todos estos factores positivos, sumados a la decisión política de: reformar el sistema bancario, alejar a los políticos de la asignación de préstamos y centrar los esfuerzos en la obtención de una moneda sana, sin dudas han de crear confianza en los mercados internacionales.

    (c) Eneas Biglione - 1999

    Publications:
    Fundacion Atlas 1853 (Argentina)


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